La ruta Los miradores del monte de la Villa es un itinerario circular de 35 kilómetros y unos 200 metros de ascensión acumulada, que contornea el monte de Dueñas o monte de la Villa, perfilando sus múltiples entrantes y salientes.
Comienza en el área recreativa de Navalcó, situada en el centro del monte. Hasta allí llega una pista de tierra de poco más de dos kilómetros, apta para vehículos, que sale de la carretera entre Dueñas y Santa Cecilia del Alcor.
La ruta forma parte de la red de senderos de pequeño recorrido de Palencia, y, como tal, se encuentra perfectamente balizada (al menos en abril de 2026), salvo en un par de puntos muy concretos: dos bifurcaciones en las cuales la baliza no es visible hasta después de caminar algunos metros.
El itinerario se mantiene en torno a los 850 metros de altitud, excepto en tres ocasiones en las que baja ligera y puntualmente de esa cota: en el Callejo (820 m), en Valdeurate (800 m) y en Doña Manuela (830 m).
Aunque no salva de golpe ningún desnivel importante, la ruta es dura, agotadora si se realiza de un tirón. A su longitud, se une el hecho de que, en su mayor parte, discurre por un estrecho sendero que va acumulando pequeñas subidas y bajadas, a veces casi imperceptibles, pero que acaban haciendo mella en las piernas y en la moral.
Un ventaja notable estriba en que la ruta ofrece numerosas posibilidades de atajo y abandono. Viendo el mapa se percibe claramente la intención de los diseñadores: bordear el monte sin saltarse ninguno de sus numerosos entrantes y salientes. También se ve, sin necesidad de muchas explicaciones, cómo algunos de esos entrantes y salientes se pueden omitir, recortándolos por caminos más directos. Igualmente, se observa que desde varios puntos del recorrido se puede abortar el itinerario y regresar rápidamente al punto de partida. Esta circunstancia facilita dividir la ruta en dos o tres, para, como parece aconsejable, disfrutar del entorno del bosque con calma y sin agobios.
El monte de Dueñas es un espléndido bosque de encinas y quejigos, con pinos de repoblación en alguna de sus laderas. A lo largo del recorrido, se pasa al lado de numerosos chozos y corrales, muchos en ruinas, y algunos rehabilitados. Normalmente se encuentran en el borde de las cuestas que encabezan los entrantes de las tierras de cultivo hacia el monte.
Encina.
Quejigo.
Aunque, al estar bien señalizada, no existe riesgo de pérdida si se presta la debida atención, se ofrece a continuación una descripción de la ruta.
El área recreativa de Navalcó es una encrucijada de caminos situada a 859 metros de altitud, donde, además de lo que es propio de un área de este tipo, hay una tenada. Comienzo a caminar en el ancho camino que sale al lado de la tenada, camino que, enseguida, se divide. Prosigo rumbo al sur por el ramal de la derecha.
Tenada en el área recreativa.
En algo más de un kilómetro, llego a un segundo cruce donde se encuentra el chozo rehabilitado de la Cabañona (1,3 km). Éste que acabo de hacer es el único tramo de la ruta que se repite a la vuelta.
La Cabañona.
Aquí enlazo con el GR 296 - Senderos del Clarete, y viro a la derecha. Un kilómetro más adelante (2,5 km), giro de nuevo a la derecha, me separo del GR y me encamino hacia el pico del Águila. Unos 400 metros más allá, abandono el ancho camino que he venido siguiendo hasta ahora, y prosigo por el sendero de montaña que sale a la izquierda (2,9 km).
Recorridos 300 metros, desciendo 30 metros hasta una vaguada (3,6 km). Estoy en el límite occidental del monte. Cruzo una pista que también viene de Navalcó, y, por la vertiente opuesta de la vaguada, subo al Callejo. Me encuentro, de nuevo, en lo alto del monte (4 km).
La subida al Callejo vista desde el pico del Águila.
En un primer recodo (4,3 km), me detengo a contemplar la amplia panorámica que el Callejo me ofrece hacia poniente. En realidad, se trata de la única panorámica en los 13 primeros kilómetros de la ruta, pues el itinerario discurre inmerso en el bosque hasta alcanzar el costado oriental del monte.
Primer "mirador"...
y sus vistas: Quintanilla de Trigueros...
y el vértice geodésico del Paramillo rodeado de molinos.
Siguiendo el sendero, bien trazado a media ladera, desemboco en una pista (7,1 km). Si quisiera abandonar la actividad, sólo tendría que tirar por ella hacia la derecha kilómetro y medio, que es lo que dista desde aquí Navalcó. La ruta, en cambio, sigue por la izquierda para culminar su avance por el flanco oeste del monte (7,9 km).
Ahora la progresión se efectúa, siguiendo un ancho camino, por la orilla norte del monte. Andados dos kilómetros, cruzo la pista por la que se accede en vehículo a Navalcó (10,1 km), distante apenas un kilómetro, y, por lo tanto, nueva posibilidad de abandono.
Continúo de frente 300 metros más, y cojo a la izquierda un sendero que describe un largo rodeo por el borde de la esquina noreste del monte para alcanzar el chozo y los corrales de Mundín (13,8 km), situados en la cabecera del valle de la Vallejana.
Chozo de Mundín.
A partir de aquí, las vistas son amplias, y la ruta, siempre por senda, salvo cortos tramos aislados por pista, avanza sin despegarse de los bordes, extraordinariamente lobulados, de los costados este y sur del monte, rehusando todas y cada una de las muchas posibilidades de atajar, que, no obstante, conviene conocer por si se desea o es necesario acortar la actividad.
Tras pasar al lado de un abejar, alcanzo el chozo de Rojolanillas y el mirador del Postigo (15 km). Al lado, unos metros más abajo, brota, entre rejas, una fuente. Éste es el único mirador acondicionado como tal, con cartel explicativo y un par de bancos.
Chozo de Rojolanillas y mirador del Postigo.
Mirador del Postigo: Dueñas, al fondo, y valle de la Vallejana en primer plano.
Fuente del Postigo.
Caleros en las proximidades de las Dos Hermanas. Se trata de los restos de antiguos hornos escavados en la ladera. Servían para elaborar cal viva quemando semienterradas piedras de los alrededores.
Un kilómetro más allá, tras pasar al lado de unos corrales en ruinas y los restos de unos caleros, alcanzo el cruce de las Dos Hermanas (15,9 km). Desde aquí, Navalcó se encuentra a un kilómetro; y el chozo de la Cabañona, a algo menos. Pero el enorme rodeo que estoy a punto de emprender me obligará a recorrer casi 18 kilómetros para llegar a la encrucijada de la Cabañona.
Encrucijada de las Dos Hermanas. El topónimo se debe a los dos quejigos más grandes que escoltan el camino.
De momento, prosigo por el camino del Páramo, pista que enlaza Dueñas con el área recreativa, y con la que me volveré a encontrar varias veces. Andados a penas 100 metros, cojo una senda a la izquierda que corre por la vertiente meridional de la Vallejana a lo largo de 4 kilómetros.
Caminando entre quejigos por la vertiente sur de la Vallejana.
Durante el primer kilómetro medio, el sendero enfila directamente hacia el este por el reborde septentrional de Cabezo de Calzada —saliente del monte hacia la Vallejana—, permitiendo contemplar los jalones más destacados de la vertiente opuesta del valle, por la que acabo de pasar.
Chozo de Rojolanillas y mirador del Postigo, desde la vertiente opuesta del valle.
Chozo de Mundín y camino de la Vallejana, desde la vertiente opuesta del valle.
Luego (17,8 km), la senda describe dos grandes curvas para rodear sendos entrantes del valle hacia el monte —el primero cultivado, y el segundo (19 km) cubierto de pinos de repoblación—, y acaba desembocando en el GR 296 (20,2 km).
Cruzo el GR 296, y prosigo de frente por el sendero que sigue contorneando el monte por todo lo alto, dibujando sus numerosas sinuosidades, entre las que destacan tres notables proyecciones, las tres de generosas vistas: una hacia el este (primer morro); y dos hacia el sur (segundo y tercer morro). Estas dos últimas separadas por un saliente menos pronunciado. Los mapas del IGN dan a entender que los topónimos de estas tres avanzadillas principales del monte son: el Manchón, San Cristóbal y la Sepultura, respectivamente.
Primer morro (el Manchón), con Dueñas a la izquierda, y el GR 296 en primer plano.
Vistas desde el Manchón. Las fotos se han tomado de derecha a izquierda. La primera es una panorámica de Dueñas; en la segunda, se ve el Castillo, característico cerro al norte de Dueñas; los dos valles de la tercera imagen (Valdesanjuán y Valdegrillos) enfilan hacia el norte en dirección al monte El Viejo de Palencia.
Bordeado el Manchón, me reencuentro con el camino del Páramo en el arranque del segundo morro (22,2 km). El camino del Páramo cruza, en medio kilómetro, el istmo que une el morro con su páramo. Yo, en cambio, para llegar al otro lado de ese istmo y volver a pisar el camino del Páramo, contorneo el morro, lo que me supone andar algo más de 3 kilómetros (25,4 km). Unos 100 metros antes de retornar al camino del páramo, hay una bifurcación sin señalizar que puede generar algunas dudas (25,3 km): tirando por la senda de la derecha enseguida aparece una baliza.
El segundo morro (San Cristóbal) y el camino del Páramo. La foto se tomó desde un lugar del Manchón donde crecen algunos cipreses.
Recorridos los dos primeros morros, me encamino hacia el tercero (la Sepultura). Para ello, tras progresar unos 300 metros por el camino del Páramo, lo abandono (25,7 km), y tiro por una pista que gira completamente a la izquierda, pasa al lado de los restos del chozo y los corrales de Cercadillo (25,8 km) y desciende hacia Valdeurate, perdiendo unos 50 metros de desnivel.
Giro a la izquierda para bajar hacia Valdeurate.
Corrales de Cercadillo.
A continuación, prosigo por un sendero a la derecha (26,4 km). El sendero llanea durante unos metros, y, luego, vuelve a subir al páramo, donde reposan los vestigios de otros corrales (27,7 km). Con esta bajada y subida, he salvado por su base el saliente intermedio entre el segundo y el tercer morro.
El mayor desnivel del itinerario: bajada desde el páramo a Valdeurate, y vuelta al páramo. Así salva la ruta el saliente intermedio entre el segundo y el tercer morro.
Corrales en ruinas y sin nombre conocido en el kilómetro 27,7.
Estoy ya en el arranque del tercer morro del páramo, balcón, al igual que los anteriores, de dilatadas vistas, especialmente en sus dos esquinas meridionales.
Tercer morro.
En el borde meridional del tercer morro.
Amplia panorámica desde el tercer morro (kilómetro 29).
Tras circundar el tercer morro, salgo a los montones de piedras de los corrales de Ramos (30,5 km).
Más ruinas: los corrales de Ramos.
Me encuentro a escasos 100 metros al sur del GR 296, pero, en lugar de dirigirme hacia él, sigo sendero adelante, curveando por el interior del encinar y manteniendo la altitud, salvo en un corto tramo que me obliga a bajar unos 20 metros para recuperarlos acto seguido (32 km). En el mapa del IGN, aparece en esta zona el topónimo Doña Manuela.
Paso al lado de un chozo, sin nombre en los mapas pese a conservarse en buen estado (32,9 km). Aquí, el camino se bifurca y no se ve señalización alguna, lo que genera ciertas dudas. Pero tomando la senda de la izquierda, enseguida reaparecen las balizas.
Chozo sin nombre conocido en el kilómetro 32,9.
En menos de un kilómetro, salgo al GR (33,6 km), a 100 metros de la Cabañona (33,7 km), donde enlazo con el itinerario de ida. Ya sólo resta tirar por el mismo camino en el que inicie la ruta, que, en poco más de un kilómetro, me deja en el área recreativa (35 km).

































